
Los que no están en la red -que siguen siendo mayoría- y muchísimos de los que navegan por ella no la saben:
hace falta autorización para colgar en internet canciones, películas o programas.
De ahí se deduce que existan páginas, sitios o programas que son considerados “piratas” por los propietarios de esos contenidos. Productos ilegales, vamos. El P2P (
peer to peer) es el
paradigma de la piratería digital, la que se practica en internet. Millones de personas en todo el mundo-mundial colgando todo el repertorio musical y cinematográfico planetario en la red sin pedir el permiso de autores, artistas y productores.
¡¡Alabado sea el Señor!!
La
utopía, por fin hecha realidad. El pueblo asaltando a la industria, haciéndola tambalear hasta verla bailar el chachachá. La toma de la Bastilla
es una mierda pinchada en un palo al lado de tamaña hazaña.
¡¡Todos a una, Fuenteovejuna!!
LOS RESPONSABLESLos líderes espirituales de esa revolución
de pacotilla que anuncia la llegada de la Cultura “libre y gratuita” continúan girando sobre sí mismos, cada vez a más velocidad. Y ya se sabe lo que ocurre en estos casos. Al final, volveremos todos al principio. Ningún mercado puede sostenerse utilizando el precepto de la
gratuidad de sus productos. Ningún elemento, humano o industrial, que participe en ese mercado va a continuar haciéndolo si no obtiene la retribución adecuada por los productos elaborados.
Las plataformas de intercambio de archivos son magníficas para encontrar lo que se está buscando. Pero
¿es justo no pagar por ello cuando lo encuentras? La palabra “intercambio” en la red
es sinónimo de “robo”. Que ningún bien nacido albergue dudas al respecto.
Y lo es porque lo dicen los propietarios de los contenidos.Y lo es porque los que lo practican continúan descargando ficheros sin pagar y
en contra de la voluntad de sus propietarios. ¿Se puede decir más claro?
¿O más alto?
¿O más?
LA INMORALIDADLos líderes de barro a los que me refería antes
se empeñan en empañar el tema negando que en el P2P confluyen
distribución, comunicación públicay, por supuesto,
ánimo de lucro. Aspectos considerados en la Ley de Propiedad Intelectual y en el Código Penal. Los hay, atrevidos, que incluso hablan del derecho a copia privada previamente satisfecho cuando se adquirió el CD virgen. ¡¡Ignorantes!!
Todos, líderes y consumidores, gozan de una
inmoralidad a prueba de
tsunamis. Porque ¿es moral no pagar por la música y las películas que escucho y veo, cuando sus propietarios me están pidiendo que no lo haga?
No. Desde luego que no lo es. Una ha tenido que escuchar y leer estupideces como que el P2P es “la mayor oportunidad que ha tenido la Humanidad para
democratizar el acceso de la cultura”, “La batalla por el futuro empieza YA” o que los autores han de buscar “nuevas formas de negocio que les remuneren”. Y lo dicen los que,
escondidos tras sus equipos en casa, han decidido hacerse con toda la filmografía y la discografía
mundialdetodoslostiempospasadospresentesyfuturos sin pagar un
carallo.
Lo que están oyendo.
HARTURALos autores y autoras estamos
hasta el moño de la actuación de una variada gama de
desconsiderados y variopintos personajillos que, ansiosos de incrementar su personal luminosidad en la –hoy- enmarañada Red, están perjudicando el avance de nuestro país en la Sociedad de la Información y del Conocimiento (es gracioso, porque ellos, los muy cínicos -¿o locos?- dicen lo mismo de nosotros.)
Es curioso, por otro lado, observar como los mismos que estuvieron durante años justificando la piratería física del top manta y de los mochileros, llamando xenófobos, mentirosos y ladrones a los que reclamaban que esa práctica –ilegal- en la que participaban los ciudadanos, finalizara, digan ahora que
aquello sí era piratería y esto no lo es. Que me expliquen que es lo que ha ocurrido para que se haya producido ese milagro de los panes y los peces.
Todos esos niños y niñas malos (que sepan nuestros lectores que
es pecado lo que están haciendo) deben saber que, en
ambos casos, no existe autorización, ni para “ponerlos” en las calles (
piratería física) ni para “colgarlos” en internet (
piratería digital.)
Todos los niños y niñas malos que no quieren pagar a los autores
ni para pipas deberán ir ahorrando para cuando la industria tecnológica y las sociedades de gestión, condenadas a entenderse, acuerden poner fin a esta desmesura y, de nuevo ¡¡aleluya, hermanos!!, todas y todos
vuelvan a pagar por las canciones y las películas.